El crimen de un Rábula
Doña Cándida, dignísima y respetable matrona, esposa del enfermo, y su hija Elena, á quien designaban los elegantes migueleños con el simpático adjetivo de “sultana de oriente”, llegaban al extremo de besarle la mano al miserable facultativo, cuando decían que el enfermo estaba salvado. En su candorosa ignorancia de lo malo que era, esposa e hija, no comprendían que á su querido deudo lo estaban asesinando.
Obras de Adrián Meléndez Arévalo en MOREL
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