Margarita
Desde entonces poblándose va el cielo
siempre limpio y azul de la aldeanita,
de nubes soñolientas que presagian
tempestades deshechas en su vida:
va no recoge todas las mañanas
el ramito fragante que en la víspera
colocaba el amante en su ventana,
adornando la reja enmohecida,
y que ella llevaba presurosa
á los pies de la imagen de María.
Si se encuentra con Pablo, cariñosa
esperando una venia, ella le mira;
mas el joven, severo y melancólico,
pasa con la mirada al suelo fija.
Obras de Graciela Sotomayor en MOREL
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